Escribir en tu nombre con IA: dónde acaba la ayuda y empieza la suplantación
Imagina a una fisioterapeuta que trabaja por su cuenta. Cada día contesta veinte mensajes de pacientes, y cada noche arrastra tres que no sabe cómo responder sin sonar fría. Un día los pega en un asistente de IA y sale una respuesta mejor que la que habría escrito ella. Con el tiempo, le pide también que conteste las reseñas de Google. Después, que escriba una de agradecimiento "de parte de un paciente contento", para animar a otros. Ninguno de los pasos es mucho mayor que el anterior.
(Este caso es ilustrativo, no es ninguna persona concreta.)
¿En qué momento dejó de ser ella?
Por qué no es obvio
Porque hace décadas que alguien más nos escribe cosas. Un secretario redactaba la carta, una gestoría redacta el escrito a Hacienda, un amigo te corrige la carta de motivación. Nadie lo considera una mentira. Hacerlo con IA parece lo mismo, solo que más barato.
Y la ley, por ahora, tampoco ayuda a dibujar la línea en este punto. Las obligaciones de transparencia del artículo 50 del Reglamento europeo de IA son exigibles desde el 2 de agosto de 2026, pero miran sobre todo a quien fabrica los sistemas (que deben marcar el contenido generado) y a casos concretos como los deepfakes o los chatbots que hablan con el público. Un correo tuyo redactado con ayuda de una herramienta no está ahí.
El mejor argumento del otro lado
Es este: lo que importa es el resultado. Si el mensaje es claro, amable y cierto, ¿qué más da quién lo ha tecleado? Ningún cliente tiene derecho a saber con qué editor de texto escribes. Y para mucha gente que escribe mal, o en una lengua que no es la suya, la IA es, sencillamente, justicia: le permite sonar tan bien como alguien que ha tenido más estudios.
Tengo poco que objetar, y yo misma uso la IA para pulir textos.
Qué pienso
Que la pregunta no es quién lo ha escrito, sino qué afirma el texto sobre el mundo y sobre ti.
Un correo redactado con IA dice "te doy esta respuesta y me hago responsable". Sigue siendo tuyo porque tú lo lees, lo corriges, lo envías y pones la cara. La IA ha hecho de corrector.
Una reseña fabricada dice "he vivido esto", y no es verdad. Aquí la IA no te ayuda a expresar nada tuyo: inventa una experiencia y se la atribuye a alguien. Eso no es ayuda, es suplantación. Además, la normativa europea de consumo ya considera práctica comercial desleal añadir reseñas falsas o manipuladas, o encargarlas a un tercero, las escriba una persona o una máquina.
Entre un extremo y otro hay una zona gris, y ahí me quedo con una prueba sencilla: si la persona que lo lee supiera exactamente cómo se ha escrito, ¿se sentiría engañada? Si es un correo con el tono pulido, no. Si es una disculpa emotiva escrita por una máquina y enviada como si fuera un gesto personal, quizá sí. Si es la reseña de un cliente que no existe, es evidente.
Lo que más me preocupa no son los fraudes claros, que son fáciles de condenar. Son los gestos que valen porque cuestan: una carta de pésame, una disculpa, un agradecimiento. Si los delegas del todo, quien los recibe lee palabras correctas y pierde lo que le importaba, que era saber que alguien les había dedicado tiempo.
Qué significa esto si tienes un negocio pequeño
- Puedes dejar que la IA te ayude a escribir, siempre que tú lo leas y lo firmes. El criterio es que el mensaje sea cierto y que pueda defenderlo quien lo envía.
- Nunca reseñas, testimonios ni "opiniones de clientes" generados. Ni de mentira, ni "de ejemplo", ni encargados a terceros.
- Los gestos personales, a mano. Pésame, disculpa, agradecimiento sincero: si cuesta, es porque cuesta.
- Si alguien te pregunta si lo has escrito con IA, di la verdad. No hace falta anunciarlo cada vez, pero no lo niegues nunca.
Fuentes
- Dribba: AI Act, qué está vigente y qué se pospuso (artículo 50 exigible desde el 2/8/2026)
- Cuatrecasas: Directiva (UE) 2019/2161, protección del consumidor en el mercado único digital
- Directiva (UE) 2019/2161 (EUR-Lex)
Sobre este artículo
iaetica.cat es un espacio de divulgación: escribo aquí lo que voy aprendiendo sobre la inteligencia artificial, su ética y su legislación.
— Laura Graells