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Transcribir llamadas y visitas: cómo dejar constancia de lo que hablaste con el cliente

Muchas discusiones con clientes no nacen de la mala fe, sino de una conversación que nadie apuntó. Cómo dejar constancia sin que sea más trabajo, y qué debes avisar sí o sí antes de grabar nada.

—Pero si quedamos en que lo hacíais todo, también pintar la pieza.

—No, eso no lo dijimos nunca.

Ninguno de los dos miente. Hablaron veinte minutos por teléfono hace cinco semanas, cada uno entendió lo que le pareció más razonable y nadie lo apuntó. Ahora hay una factura encima de la mesa y una conversación incómoda que acabará, con suerte, partiendo la diferencia.

Esta escena se repite cada semana en talleres, gestorías, instaladores y despachos profesionales. Y casi nunca es culpa de la memoria de nadie.

El problema no es recordar, es que no queda rastro

Un instalador de clima de Sabadell hace la visita, toma medidas, comenta con el cliente tres opciones de máquina y le dice de palabra cuál recomienda y por qué. Vuelve a la furgoneta, apunta cuatro cifras en una libreta y se va a la siguiente visita. Por la noche, cuando se pone a hacer el presupuesto, ya no recuerda si habían hablado de retirar la máquina vieja o si el cliente quería hacerlo él.

Lo que se ha perdido no es el precio: eso siempre se apunta. Lo que se ha perdido son los matices: quién hacía qué, qué quedó pendiente de confirmar, qué objeción tenía el cliente y qué le prometimos para resolverla. Seis meses después, cuando ese cliente vuelve a llamar, nadie en la empresa sabe nada de aquella conversación. Y si la persona que la tuvo ya no trabaja allí, el rastro es cero.

Primero, la parte aburrida: hay que avisar

Antes de hablar de herramientas: si grabas una conversación con un cliente, tienes que decírselo. No es una recomendación de buenas maneras, es lo que corresponde cuando tratas datos personales.

En la práctica basta con ser directo y decirlo al principio: «Voy a grabar la llamada para no perderme detalles del presupuesto, ¿le parece bien?». La mayoría de clientes dice que sí sin pensárselo, precisamente porque les beneficia: significa que después nadie se inventará lo que se dijo.

Avisa siempre, y al principio. Grabar a escondidas e intentar regularizarlo después no es una opción.

Deja que digan que no. Si el cliente no quiere, tomas notas a mano y ya está. No pasa nada.

Si grabas de forma sistemática, documéntalo. Debe constar en tu política de privacidad, con un plazo de conservación decidido. Coméntalo con tu gestoría antes de empezar, no después.

Esta parte no es opcional y es exactamente donde la mayoría de pymes se equivoca.

Cómo funciona en la práctica

El circuito es más sencillo de lo que parece. La conversación se graba: una llamada, o el móvil encima de la mesa durante la visita. Un sistema de transcripción la convierte en texto. Y sobre ese texto, un resumen automático extrae lo que de verdad necesitas: qué se ha acordado, qué queda pendiente, quién debe hacerlo y para cuándo.

El resumen es la parte que vale la pena. Nadie va a releer veinte minutos de transcripción literal, pero media página con cinco puntos y tres tareas sí se aprovecha. Y sobre todo: queda pegado a la ficha de ese cliente, no dentro de la libreta de una persona.

Un resumen útil lleva la fecha y quién estaba, los puntos acordados, lo que quedó pendiente de confirmar y las tareas con responsable. Nada más. Si el resumen ocupa dos páginas, nadie lo mirará y volvemos a estar donde estábamos.

Las tres cosas que no debe hacer nunca

No debe decidir por ti. El resumen es una propuesta. Quien la valida antes de que vaya a la ficha del cliente eres tú o quien hizo la visita. Una IA que confunde «lo miraré» con «lo haremos» puede crearte un compromiso que no existe.

No debe grabarlo todo por defecto. Graba lo que tiene valor: presupuestos, cierres, incidencias, visitas técnicas. Las conversaciones personales, las quejas delicadas o cualquier cosa donde aparezcan datos de salud, no. Menos grabaciones significa menos riesgo y menos trabajo.

No debe guardarlo para siempre. Pon un plazo (seis meses, un año, lo que tenga sentido en tu sector) y que el audio se borre solo cuando toque. El resumen se queda; la grabación entera, no hace falta.

Dónde acaban esas grabaciones

Esta es la pregunta que casi nadie hace y que debería ser la primera. Cuando subes la grabación de una conversación con un cliente a una herramienta gratuita que has encontrado por internet, estás enviando la voz de esa persona, su nombre y sus datos a un servidor del que no sabes dónde está ni qué hace con ellos.

Vale la pena mirar tres cosas antes de decidir nada: dónde se almacenan los ficheros, que sea dentro de la Unión Europea; si tus conversaciones se usan para entrenar modelos de terceros, que debe ser que no; y si puedes borrarlo todo cuando quieras. En IAètica montamos este tipo de sistema con los datos dentro de la UE y sin que las conversaciones alimenten modelos de nadie, y cuando el volumen lo justifica, instalado directamente en los servidores del cliente, de forma que el audio no sale nunca de casa.

Si quieres que los resúmenes queden ligados a la ficha de cada cliente y que te recuerden quién espera respuesta, eso es exactamente lo que hace MemorIA.

¿Tienes conversaciones con clientes de las que después no queda nada?

Escríbenos a [email protected] y vemos juntos cómo dejar constancia sin añadir trabajo ni riesgos.

— El equipo de IAètica