Ese proveedor tan barato no existe: cómo comprobar que una empresa es real antes de pagar
Hace unos años, una web de estafa se reconocía de lejos: fotos pixeladas, textos mal traducidos, un diseño que chirriaba. Hoy, con inteligencia artificial, cualquiera puede montar en una tarde una web impecable, con catálogo de productos, fotos de equipo, reseñas entusiastas e incluso artículos de blog con años de "trayectoria". Todo falso, y todo con muy buena pinta.
Para una pyme esto es un problema nuevo: el filtro visual de toda la vida —"esta web da mala espina"— ya no funciona. La estafa ya no parece una estafa.
Cómo funciona la trampa
El esquema más habitual tiene tres variantes:
El proveedor milagroso. Buscas material, maquinaria o stock y encuentras un proveedor nuevo con precios un 30% por debajo de mercado. La web es profesional, responden rápido y con criterio (a menudo es un chatbot), te envían catálogo y factura proforma con todos los datos. Pagas el anticipo por transferencia y no llega nada.
La tienda que no envía. Versión de cara al consumidor, pero que también afecta a empresas que compran equipamiento: una tienda online aparecida de la nada, con ofertas agresivas y prisa ("últimas unidades"). Cobra y desaparece, o envía un producto que no tiene nada que ver.
El clon. El más peligroso: copian la web de una empresa real, con un dominio casi idéntico (un guion, un ".shop" en lugar de un ".com", una letra cambiada). Tú crees que compras al proveedor de siempre; el dinero va a otra parte.
En los tres casos la IA hace el trabajo sucio: redacta los textos sin una sola falta, genera las fotos de producto y del "equipo", escribe decenas de reseñas variadas y creíbles, y responde a tus correos con naturalidad. Lo que antes requería una organización, ahora lo hace una persona sola en un fin de semana.
Un ejemplo demasiado realista
Un taller de carpintería de la comarca del Bages necesita herrajes para un pedido grande. Su proveedor habitual tarda tres semanas; buscando alternativas, el encargado encuentra una distribuidora "de Girona" con web impecable, CIF en la página de contacto y precios excelentes. Cruzan correos con un comercial atento que responde a cualquier hora. Pagan 4.200 € de anticipo por transferencia. A la semana siguiente el teléfono ya no existe, la web ha desaparecido y el CIF resulta ser de una empresa disuelta hace años, copiado de un registro público.
En ningún momento la conversación dio mala espina. Esa es, precisamente, la trampa.
Las señales de alerta
Precios claramente por debajo de mercado, sobre todo con prisa por cerrar: "oferta hasta el viernes", "quedan 2 unidades".
Dominio recién registrado. Una empresa "con 15 años de experiencia" y un dominio creado hace tres semanas no cuadra.
Solo aceptan transferencia o Bizum, a menudo a una cuenta a nombre de una persona o de otra empresa que no coincide con la de la factura.
Dirección física que no cuadra: no existe, es un piso particular o un coworking donde nadie los conoce.
Reseñas todas parecidas y recientes, redactadas perfectas, concentradas en pocas semanas.
Teléfono que nunca cogen: todo por correo o chat, por muy amables que sean.
Las comprobaciones antes de pagar (10 minutos)
1. Mira la antigüedad del dominio en un buscador whois gratuito. Menos de un año y "mucha trayectoria" es sospecha directa.
2. Verifica el CIF en el Registro Mercantil o en buscadores de empresas: que la empresa exista, esté activa y el nombre coincida con quien te factura.
3. Comprueba la cuenta bancaria: el titular del IBAN debe ser la empresa de la factura. Si te piden pagar a otro nombre, para.
4. Llama por un canal que encuentres tú (no el de su web): el teléfono del Registro, de Google Maps o del gremio. Si es un clon de una empresa real, así lo destapas.
5. Busca el nombre con "estafa" u "opiniones" y mira si la dirección aparece en Street View con actividad real.
6. Primer pedido pequeño o pago contra entrega cuando sea posible. Ningún proveedor serio se ofende por eso.
¿Y si ya has pagado?
Actúa rápido: llama al banco inmediatamente para intentar retener o revocar la transferencia (las primeras horas son decisivas), denúncialo a los Mossos d'Esquadra o a la Guardia Civil con todos los correos y justificantes, y guárdalo todo sin borrar nada. Si has introducido contraseñas o datos de tarjeta, cámbialas y avisa también al banco.
Protegerse no es desconfiar de todo el mundo
No se trata de tener miedo de cada proveedor nuevo, sino de tener un pequeño protocolo de verificación —como el de las videollamadas o las órdenes de pago que ya hemos explicado en este blog— y aplicarlo siempre que haya dinero de por medio y sea la primera vez. Diez minutos de comprobaciones valen más que cualquier seguro.
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— El equipo de IAètica