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Cómo facilitar el onboarding de un nuevo empleado con IA (sin que el equipo pierda horas)

Incorporar a alguien nuevo en una pyme siempre sigue el mismo guion: la primera semana, la persona nueva no para de preguntar, y la persona que más sabe no para de responder. "¿Cómo hago un abono?" "¿Dónde están las tarifas de este año?" "¿A quién aviso si falta material?" Cada pregunta es razonable. El problema es que son siempre las mismas, y quien las responde suele ser quien menos tiempo tiene.

En las empresas grandes esto lo resuelve recursos humanos con manuales y cursos de acogida. En una pyme, el "manual de acogida" suele ser una persona con mucha paciencia. Y cuando esa persona está de vacaciones, o simplemente tiene trabajo, el nuevo empleado se queda atascado o improvisa. Improvisar el segundo día de trabajo sale caro.

El manual que responde cuando le preguntas

La buena noticia es que la misma tecnología de una base de conocimiento interna sirve para hacer de acogida. La idea es sencilla: se recopilan los procedimientos, documentos y costumbres de la empresa —cómo se hace un presupuesto, dónde se guardan las plantillas, cuál es el horario del almacén— y se pone delante un asistente que responde en lenguaje natural.

El nuevo empleado, en lugar de interrumpir a un compañero por quinta vez en la mañana, escribe la pregunta tal como la haría de palabra: "¿cómo apunto una devolución?". El asistente le responde con el procedimiento de la empresa —no con una respuesta genérica de internet— y le indica dónde está el documento original por si quiere el detalle. Las preguntas básicas dejan de pasar por el equipo; las de criterio, que son las importantes, siguen yendo a las personas.

No todos tienen que saber lo mismo

Un error habitual es darlo todo a todos. No tiene sentido: un dependiente de tienda debe conocer el TPV, los cambios y las devoluciones; alguien de administración, cómo se facturan los proveedores y dónde están los contratos. Un buen sistema de acogida se configura por roles: cada perfil ve los procedimientos y documentos que le corresponden, en el orden que le corresponde. Los primeros días, el asistente puede incluso hacer de itinerario: "hoy te toca conocer cómo gestionamos los pedidos; cuando lo tengas, pregúntame lo que quieras".

Esto también protege a la empresa: la persona nueva no tiene que navegar por carpetas donde hay de todo, y la empresa sabe exactamente a qué tiene acceso cada uno.

Un ejemplo: la gestoría que incorpora a alguien en julio

Imaginemos una gestoría de Igualada (Barcelona) que incorpora a una persona en plena campaña, con el equipo desbordado. Antes, la responsable dedicaba media jornada de los primeros cinco días a formar a la persona nueva: dónde está cada modelo, cómo se presenta cada trámite, qué clientes tienen particularidades. Unas veinte horas, en el peor momento del año.

Con un asistente de acogida, la gestoría documentó una sola vez sus procedimientos (buena parte ya los tenía en PDFs y correos) y ahora la persona nueva pregunta directamente. La responsable ha pasado de veinte horas de explicaciones a tres o cuatro de supervisión real: revisar trabajo, resolver casos especiales, conocer a la persona. Y cuando dentro de unos meses entre alguien más, el trabajo ya estará hecho. Lo mismo vale para un taller con rotación de aprendices o una tienda que contrata personal para la campaña de Navidad: la inversión se hace una vez y se aprovecha en cada incorporación.

La letra pequeña: los datos del nuevo empleado (y los de todos)

Aquí hay un punto que no se puede pasar por alto. En un proceso de acogida circulan datos sensibles: el contrato y los datos personales de quien entra, y documentos internos donde puede haber nóminas, condiciones o información de clientes. Nada de eso puede acabar en cualquier herramienta gratuita.

Tres condiciones mínimas antes de instalar ningún sistema: que el acceso esté controlado por rol (el dependiente nuevo no debe poder preguntar por las nóminas de nadie), que los datos se procesen y se guarden dentro de la Unión Europea, y que el proveedor garantice por contrato que no utiliza vuestros documentos para entrenar modelos de terceros. Si una herramienta no puede responder a estas tres preguntas con claridad, no es para vuestra empresa.

Empieza en pequeño

No hace falta digitalizar toda la empresa para empezar. Basta con escribir las diez preguntas que todo nuevo empleado hace la primera semana y documentar las respuestas. Solo con eso ya se nota la diferencia. El paso siguiente —poner un asistente que responda en lenguaje natural y por roles— es más sencillo de lo que parece.

¿Tenéis una incorporación a la vista?

En IAètica montamos este tipo de sistemas para pymes, con los datos siempre dentro de la UE y acceso controlado por rol. Escribidnos a [email protected] y lo hablamos.

— El equipo de IAètica